Ultimamente tengo lo que yo llamo "momentos de extrañeza". Me ha pasado otras veces pero nunca con tanta frecuencia. Defino momento de extrañeza: de repente me siento espectadora de mi misma, como si viera lo que me está pasando en una pantalla. Pero no me conozco a mí misma. Soy una extraña que me observa.
Me pasó durante el concierto de Chambao. Me vi demasiado joven, entregada al concierto, como si no tuviera ni problemas ni responsabilidades. Y pensé. Los momentos de extrañeza me hacen pensar cuando recobro la conciencia de mi misma. Dentro de unos años (da igual si muchos o pocos) no me apetecerá hacer esas cosas, trabajaré mucho (probablemente de más) y tendré que preocuparme de alguien más que de mi misma. Seré completamente distinta. Entonces me sentí afortunada. Por tener posibilidad (económica) y capacidad (intelectual) de explotar todas las etapas de mi vida. Porque me estoy formando (me encanta esa palabra), estoy creciendo a mi ritmo sin barreras ni acelerones. Sí, es un pensamiento mira-ombligos pero a mí me sirvió de mucho.
Esta tarde, en la reunión del Congreso de Estudiante he tenido otro momento, a lo bestia. Hoy no estaba de tan buen humor. Esta vez, más que no conocerme a mi misma, era como si no conociera a nadie de mi clase. De repente, sola, rodeada de extraños. Me he sentido muy mal después. Esta vez, no había ganas de pensar.
Mis momentos de extrañeza, acordes con mi estado de ánimo.
No le busquéis demasiado sentido a este artículo. Hoy no es mi día, simplemente.
Son épocas, pero todo termina pasando no te preocupes.
Sería bello ir por las calles con un cuchillo verde y dando gritos hasta morir de frio